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Pequeño amanecer

Anoche, ya muy de noche, mordisqueé con timidez el cielo y me comí su luna de chocolate blanco. Luego bordé con hilos de seda de sueños un inmenso lazo con millones de estrellas que soltaban su purpurina dorada liándose en mi pelo y deslizándose atrevidamente hasta mi espalda. De la aúrea corona trenzada sobre mi rostro partieron miles de destellos desplegados en un manto de pensamientos luminosos que cerró mis ojos, cubrió mi cuerpo y acunó mi alma.

La música me descubrió desperezándome perezosamente en mi cama.

Entonces, mis adormecidas manos, tirando del vestido negro de la noche rasgaron la tela oscura de la inconsciencia y la noche quedó desnuda mostrando en bellezas su delicada y blanquecina piel de alborada. Entre los azules de una sonrisa... brilló el Sol.

Abrí los ojos, desperté, en mi ciudad despuntaba un bello día.
Datos del Cuento
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Comentarios


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1 comentarios. Página 1 de 1
Lébana
invitado-Lébana 31-10-2005 00:00:00

Pero el escrito es bellísimo. Muchas veces nos vestimos con el traje negro de la noche y no disfrutamos de la belleza del amanecer. Un besote