~Nunca pensé que la salud física y emocional fuese un privilegio, solamente cuando percibimos lo que se pierde sentimos su carencia, empezó como un fuerte dolor de cabeza, el médico diagnostico lo que ya sabía: migraña, incapacidad por dos días y analgésicos, pero en el fondo de mi corazón percibía que algo más grave sucedía y eso me asustaba, aquella fue mi primera noche de dolor continuo y sin tregua, la sensación de ardor y quemazón recorrían mi cara y mi cráneo como una procesión cíclica de nunca acabar, fue la primera de muchas noches interminables que con toda mi alma rogué que acabara, en la mañana las cosas habían empeorado la mitad de mi cara parecía un enorme globo veteado de pintas rojas, esta vez el médico fue enfático herpes facial y celulitis périorbitaria fueron los diagnósticos, mi ojo izquierdo parecía dormir en medio de una gran bola rayada de rojo, fue entonces cuando por primera vez sentí que había perdido mi salud y que un largo y tortuoso laberinto me esperaba para reencontrarla, doce días de hospitalización redujeron mis privilegios a un cuarto de tres por cuatro metros, una cama y una silla eran todo el inmobiliario pero tenia mucho mas que la mayoría, que se acomodaban en camillas en el corredor y como un preso fui recluido del mundo exterior.
El cubículo que me asignaron se encontraba al final del corredor, sus paredes parecían hechas de delgado aluminio y vidrio, de tal manera que se podía observar, escuchar y sentir los acontecimientos del mundo exterior muy cerca, los primeras días a causa del dolor y el malestar que me invadía se me hicieron insoportables. Sin embargo en la medida que progresaba mi recuperación mis sentidos empezaron a captar a las personas y situaciones que me rodeaban, mi vecina de cubículo era una joven mulata de largos cabellos rizados y grandes ojos negros, veía su figura estilizada a través del opaco vidrio que nos separaba, también escuchaba su llanto callado sobretodo en las eternas noches de insomnio, una mañana su medico ingreso a su cubículo, a través del vidrio veía su espalda deformada, su voz intentaba ser cordial y calida pero transmitia un efecto contrario, por primera vez desde que ingrese a aquel sitio sentí lo egoísta que había sido, había seres que sufrían verdaderas tragedias:
-Hemos revisado los reportes de los exámenes realizados y todos se ubican dentro de lo normal, sin embargo dado que usted continua presentando fiebre alta, sugiero que sea valorada por el hematoncologo….
Su tono de voz era monótono como quien cuenta una historia sin pasión
Escuche a la mulata balbucear cáncer? a lo que el hombre de la bata blanca respondió con una serie de palabras incomprensibles: eritrocitos, inmunología, recuento leucocitario y otras tantas que no recuerdo, después se marcho dejando a la mujer confundida y desconsolada.
No se aun porque me incorpore rápidamente y seguí al médico sigilosamente a su escritorio ubicado en la sala de urgencias donde se encontró con un colega, desde mi ubicación, simulando hablar por celular podía escuchar la conversación de los dos aunque con cierta dificultad:
-Que el oncólogo decida, tengo mucho trabajo…. el paciente de la 51 ya le llegaron los reportes de laboratorio….. Miércoles lo que sospechaba positivo para VIH….
Después ya no pude escuchar mas pues el galeno salió apresuradamente, y lentamente me dirigí a mi cubículo el 51.