En una mansión bien bonita vivía una familia qué tenía mucho dinero. Esa familia erán papá, mamá, y los abuelitos. Tenian dos hijos, una niña muy bonita de nombre Jessica y un niño muy guapo de nombre Daniel. La familia aunqué lo tenian todo no erán felices, con tanto dinero y no podían darle a su hijo Daniel lo qué él con tanto fervor pedía, el poder ver la luz del día.
Daniel es ciego de nacimiento. Sus papás corrieron por casí todo el mundo buscando hospitales y médicos qué pudieran operar a su hijo para qué pudiera ver el mundo. Nadie nunca pudo hacer nada por él y por eso Daniel siempre estaba muy triste. Todos sufrían por Daniel, especialmente su hermanita Jessica, porqué él la despreciaba y no quería jugar con ella. Pero a vecez le preguntaba, "Jessica, ¿cómo está el día hoy?" Jessica respondía, "está muy bonito el día, las calles están blancas, está nevando mucho. Anda vamos a jugar afuera y juntos haremos un muñeco de nieve." Daniel se enojó mucho, él quería ver la nieve, no quería hacer un muñeco de nieve qué no lo pudiera ver.
Los papás de Daniel al ver su tristeza pusieron un anuncio en todos los periódicos y revistas ofreciendo la mitad de toda su fortuna a la persona que hiciera qué su hijo recuperará la vista. Llegaron médicos de todo el universo, pero ninguno pudo asegurar qué Daniel pudiera volver a ver. Cada día Daniel se ponía más triste. Los abuelitos lloraban, pero sus papás abrigaban esperanzas. De tantos médicos qué lo examinaron, Daniel se cansó y prefirio estar más cerca de su hermana Jessica para qué le describiera cómo era un día de sol.
Pasaron cinco meses, la navidad se acercaba. Todo era alegría, por las calles se veía a la gente muy contenta y adornando sus casas para las fiestas, los árboles de navidad por las ventanas de las casas se podían observar. Jessica le explicaba todo lo qué pasaba a su alrededor a su querido hermano. Éste parecia contento y con una sonrisa forzada le daba las gracias a su hermanita. En una noche fría Daniel se puso su abrigo y se fué al balcón de la casa para mirar hacia el cielo. No veía nada, solo oscuridad y silencio. Con sus ojitos bañados en lágrimas dijo, "No te veo papá Dios y nunca nadie te ha visto, pero te amo porqué mamá dijo qué eres bueno, moriste por nosotros porqué tú también nos amas. Yo nunca he visto a papá y a mamá, y menos a mis abuelitos, pero yo también los quiero mucho. Dime papá Dios, ¿porqué todos en casa pueden ver tu mundo y yo no?"
En ese momento se sintió un ruido muy fuerte en el balcón. Todos salieron para ver qué estaba ocurriendo. Pensarón qué Daniel se había caído y temieron. Se sorprendieron cuando vieron a una joven muy bella qué secaba las lágrimas de los ojos de Daniel. Éste permanecia quieto y no decia nada. El papá preguntó algo nervioso, "¿quién eres jovencita y a qué has venido?" Jessica le dijo, "¿qué le haces en los ojos a mi hermanito?" Ella seguía secando las lágrimas de Daniel, sin mirar a nadie. Jessica, sus padres y sus abuelos se tranquilizaron, aquella jovencita tan bonita, vestía un vestido blanco qué resplandecía, dandole luz a la oscuridad de la noche y su cara era todo dulzura.
Después le dijo a Daniel, "hermanito abre tus ojos." Daniel reaccionó y abrió sus ojos. ¡Qué sorpresa Dios mio!! Daniel pudo ver a seis personas frente a el. ¡Veía, podia mirar al cielo y ver la luna y las estrellas!! Gritó con alegría, "¡Mamá, Papá, abuelitos, Jessica, puedo ver, el mundo es muy bonito!!" Todos lloraron de felicidad, hasta aquella extraña jovencita también lloró. "Digame jovencita- preguntó mamá- ¿de qué país vino, es usted médico?" Ella sonrió, Daniel la besó y la abrazó. El papá le dijo a la jovencita, "No lo puedo creer, nadie, ni los mejores especialistas del mundo, pudieron sanar a mi hijo y usted con sus bellas manos lo ha logrado. La felicito jovencita, se ha ganado la mitad de nuestra fortuna." La jovencita respondió con una brillante sonrisa, "No necesito nada, todo lo tengo por demás. Solo quise ayudar y darle a un niño felicidad. Esa fortuna compartalán con todos los pobres qué no tienen nada y delen comida, ropa, zapatos y medicinas a todos los niñitos pobres y enfermos." La jovencita se retiró, deseándole a todos, "feliz navidad." Todos abrazaron a Daniel, todos estaban muy felices.
Daniel le dijo a su hermanita Jessica, "Anda Jessica, vamos a jugar con la nieve, quiero hacer un hombre de nieve tan grande qué llegue hasta el cielo." "Si- dijo Jessica- ya puedes mirar al cielo y ver la luna y la nieve caer." ¿Quién sería esa jovencita qué le había dado luz a los ojos muertos de su hijo? "¡Qué importa! comentó uno de los abuelitos- Tenemos qué cumplir lo qué prometimos y hacer felices a todos los niños del mundo."