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Había una vez un pequeño zoo en el que vivían un mono, un tigre, un cocodrilo, un caballo, una jirafa y un elefante.
Todos los animales estaban muy felices en aquel pequeño zoo, que era como una gran plaza y, alrededor de ella, estaban colocados los animales. Así todos se veían y podían charlar cuando no había nadie.
Un día, el mono notó al elefante algo triste.
-Amigo elefante, ¿qué te pasa? ¿Por qué estás tan triste? -preguntó el mono.
-Porque estoy gordo y no sé qué ha pasado -dijo el elefante-. Yo antes estaba más delgado.
-También eras más pequeño -dijo el tigre al escuchar hablar al elefante-. Aún recuerdo el día que llegaste. Eras tan pequeño… y tan apetitoso…
El elefante se quedó pensando un rato y luego dijo.
-También recuerdo yo el día que llegó el caballo. Era mucho más pequeño, pero él sigue siendo hermoso y esbelto. Yo, en cambio, tengo las patas gordas, la cabeza gorda y la tripa gorda.
El cocodrilo decidió intervenir.
-Deberías hacer ejercicio y comer menos, amigo elefante -dijo el cocodrilo-. Eso le oí decir el otro día a unos que estaban de visita por aquí.
El elefante decidió probar con el consejo del cocodrilo y empezó a hacer ejercicio y a comer un poco menos. Pero pasaban los días y el elefante no adelgazaba.
La jirafa, que hasta entonces no había dicho nada, le dijo al elefante:
-Esto es todo un misterio, amigo elefante. No entiendo cómo es posible que con todo el ejercicio que haces y lo mucho que has moderado tu dieta no consigas adelgazar.
Los animales se pusieron de acuerdo para escuchar a los visitantes a ver si conseguían más información sobre lo que hay que hacer para adelgazar. Al fin y al cabo, era un tema bastante popular del que habían oído hablar mucho pero al que no prestaban mucha atención.
Mientras tanto, el elefante seguía haciendo ejercicio y comiendo poco. Pero pasaron los días y los animales no llegaron a ninguna conclusión.
Un día, mientras el elefante estaba corriendo como un loco, trajeron a un nuevo vecino: un hipopótamo.
El elefante se paró en seco y, tras saludar al hipopótamo, le dijo:
-Tú sí que estás gordo.
El hipopótamo, que le había visto correr, le dijo:
-¿Por eso corres tanto? ¿Para adelgazar?
-Sí. Llevamos días intentando resolver el misterio de por qué no adelgazo con el ejercicio y la dieta. Ahora que estás tú aquí podremos avanzar más en nuestras investigaciones. Podemos intentar adelgazar juntos.
-No hay ningún misterio, elefante -dijo el hipopótamo-. Ni tú ni yo estamos gordos, simplemente somos así.
Todos los animales del zoo se quedaron muy sorprendidos con la respuesta.
-¿Eso significa que no podré estar tan delgado como el caballo? -preguntó el elefante.
-Efectivamente -dijo el hipopótamo-. Tampoco podrás ser nunca tan ágil como el mono, ni tan escurridizo como el cocodrilo, ni tan alto como la jirafa, ni tan rápido como el tigre.
-Pues tienes razón -dijo el elefante-. Misterio resuelto.
El elefante siguió haciendo ejercicio porque le sentaba muy bien, pero ya no se preocupó más por su aspecto. Al fin y al cabo él era así.
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