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"¿Qué lees?" le pregunté por segunda vez. Estaba muy concentrado con ese librito negro que siempre cargaba con él. No me respondió como era de esprarse, estaba tan involucrado en su lectura que ni se percató de que le había hablado, ya le preguntaría en otro momento. Lo conozco desde que tengo memoria, siempre ha estado ahí. Lo qué más recuerdo fué el día en el que le di ese nombre tan fácil de pronunciar y de aprender; yo era muy pequeña, tenía unos cuatro o cinco años y estaba lloviendo, una tormenta de esas que asustan a los niños chiquitos cuando estan solos en su casa. No soporté más y estallé en llanto, me hice bolita en un rincón y cerré los ojos, ya no quería estar más ahi, deseaba con todo mi corazón que alguien llegara a abrazarme y a decirme que todo estaría bien, que todo pasaría pronto. Fué cuendo llegó, me tomo en sus brazos y me abrazó fuertemente, no dijo una palabra, pero eso fué más que suficiente para calmar mi llanto. Cuando me sltó ya había parado de llover y estaban a punto de llegar mis padres, lo miré a la cara, y sus ojos negros me llenaron de paz y tranquilidad. Me sonrió y yo a él. Nos quedamos mirando un largo rato hasta que en mi mente surgió un pensamiento tan claro como si escuchara una ronca y maculina voz que me lo repitiera una y otra vez; así surgió su nombre, ese nombre que significa tanto para mí, cada vez que lo pronuncio, lo susurro o incluso lo pienso me es inevitable sonreír, tengo tantos recuerdos gratos a su lado...
Recuerdo un día en el que yo estaba triste, la gente mundana me había lastimado vilmente, cuelmente, yo lloraba silenciosamente en mi habitación y escuchaba los habituales martillazos de la casa vecina, no podía entender lo que había sucedido con esa gente, mis lágrimas caían a la mojada alfombra, entonces empecé a sentir que algo me rozaba el cuello haciendome cosquillas, giré la cebza y lo ví, haciendome reír con las plumas de sus nergas alas, jamás pensé que una persona como yo tuviera cosquillas, pero ese día me reí como una loca, me hizo ver que mi felicidad no se basa en lo bueno o malo que me hagan las demás personas, sino en lo bueno o malo que haga yo. Me ha enseñado muchas cosas, agunas sin siquiera tener que decir nada, es un gran maestro y esa es una de las causas por las que lo amo tanto.
Cerró su librito y me dijo :"Te lo he dicho muchas veces, este libro contiene tu vida, yo la escribo, pero algunas veces pierdo el hilo y la tengo que releer una y otra vez. Me alegra ver que has aprendido mucho. Y tú, ¿qué escribes?" Le sonreí y le respondí: "La tuya, ahora es mi turno de recordar el tiempo que llevamos juntos". Me sonrió con ese gesto tan perfecto y característico de él, era impresionante la luminosidad y perfección de quella sonrisa llena de tantas cosas a la vez.
Podría escribir un sinfin de anécdotas vividas a su lado, pero por ahora no puedo recordar, yo creo que tiene que ver con que él se niega a que yo esriba su propia historia, pero no importa. ¿Tendrán las demás personas a alguien como él? Espero que sí, yo no sabría que hacer sin él, viviría en completa soledad en algunos momentos, pero agradezco al Cielo que lo tengo a mi lado todo el tiempo. Y tú... ¿tienes uno?
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