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Un día diferente

(Para Gussy)

Era el zumbido de su celular o la entrada de la luz solar que se colaba por entre sus cortinas que eran ondeadas rítmicamente con ayuda de una leve brisa que se colaba por la ventana entreabierta y que generaban un rítmico chasquido. O tal vez el saber que ese día no tendría que presentarse a trabajar, hoy no más atenciones telefónicas, no más estar hablando con quién sabe quién.
La comodidad de su cama y la temperatura ambiente aunados al deseo de no hacer nada en su día de descanso la animaban a gozar cuando menos hasta que el hambre se lo permitiera.
Había tomado esa decisión mientras aporreaba las teclas de su computadora. Empezó contestando algunos de correos, después se conectó a las redes sociales donde contaba con una buena cantidad de contactos ¿amigos? Muy pocos, uno del colegio y sí acaso otro en la oficina.
La lámpara iluminaba discretamente el escritorio que en su acostumbrado desorden indicaba lo activo de su vida social. Infinidad de papelillos prendidos con alfileres, muchas notas escritas en hojas amarillas y tachonada en el tablero cubierto con corcho, una muñeca de porcelana recargada sobre un portarretrato que enmarcaba la foto de la reunión de fin de año en la oficina, a la derecha un bote que hacía las veces de papelera y destino de los asunto resueltos ya que los pendientes estaban a un lado de su ordenador.
Por fin se animó y se dispuso a cumplir con sus planes, se dirigió a la cocina y conecto la cafetera eléctrica que acostumbraba dejar preparada desde la noche anterior, regreso a su recamara, deslizó las puertas de su armario, seleccionó su atuendo, lo logró después de tres intentos. Tomó su cepillo dental, coloco una pequeña porción de dentrífico y enjuagó su alba dentadura, hizo una mueca mostrando sus bien formados dientes y se metió a la regadera, abrió la llave del agua caliente dejando que su cuerpo reaccionara al contacto del agua que en principio brotó fría, no pasaron muchos segundos que fue que la temperatura del chubasco artificial se convirtió en un torrente casi insoportable por lo que tuvo que templar mezclando con la línea de agua fría hasta que de nuevo y para terminar permitió que la reconfortante lluvia tomará de nuevo una temperatura francamente fría. Este era un rito que acostumbraba diario y que la hacía entrar en la realidad. Al secar su cuerpo repasaba mentalmente sus cotidianos planes.
Ahora no eran relacionados con el trabajo, ni siquiera con su deporte favorito que era el salir de compras, no estaba relacionado con su cuidado físico. Hoy sería diferente.
No fue menester invertir mucho tiempo. Tenía una invitación a almorzar en su restaurante favorito. Un pequeño café ubicado en el centro de la ciudad cuya especialidad era el café recién tostado y por supuesto elaborado instantes antes a que llegara a su mesa. El café tenía un cierto ambiente íntimo, lo cual sucedía en cualquier hora del día y parte de la noche.
Llevaba en mente lo que pediría, no era menester consultar el menú que aunque no con muchas opciones lo tenía memorizado.
Seleccionó un atuendo juvenil, acorde con sus veinti. . .pocos años, recogió su cabellera estirándolo hacía atrás y se colocó una cinta que hacía juego con su blusa. Se calzó unas zapatilla planas, tomó un sorbo de café, revisó el contenido de su bolso de mano, desconectó su celular, lo colocó en la bolsa delantera de sus Jeans, dio un vistazo a su departamento, abrió la puerta y salió en busca de su destino.
El día estaba por demás propicio para los acontecimientos que se avecinaban, bajó las escaleras casi a paso veloz, saludó al portero y se encaminó tarareando su tonada favorita atravesando el parque del jardín justo frente a su departamento. Escuchó el rítmico trotar de los gimnastas sabatinos tempraneros. La luz del sol le dio de lleno en el rostro, sacó sus lentes oscuros y se los colocó al tiempo que se escuchaba el sonido típico que avisaba el atraque de un barco.
Sonrió y apresuró su paso.
Hoy sería un día diferente
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