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Las hadas

Érase una vez una viuda que tenía dos hijas. La mayor se parecía tanto a ella, tanto en sus facciones como en su temperamento, que todo el mundo que la veía la confundía con su madre. De hecho, tanto la madre como la hija eran tan desagradables que nadie del pueblo las soportaba. La hija mas joven, en cambio, era el vivo retrato de su padre: dulce, cariñosa, educada e increíblemente guapa. Como os podeis imaginar, la madre adoraba a su hija mayor ya que era la que mas se le parecía. En cambio, sentía una gran antipatía por su hija mas joven a la que obligaba a comer en la cocina y a trabajar sin parar, como si se tratase de una criada. Entre otras labores, Lia (que así se llamaba la hija mas joven), era la encargada de ir, dos veces por día, a buscar agua a una fuente situada a dos kilómetros de su casa, con una enorme garrafa que se volvía tremendamente pesada cuando se llenaba. Un día, en esa fuente, Lia vio a una pobre anciana que le pedía agua: Aquí tiene, espero que la disfrute- le dijo Lia a la anciana mientras le daba de beber con sus propias manos . La anciana, agradecida le dice a Lia: Aparte de bonita, eres tan buena y educada que no puedo dejar de otorgarte un don. Y es que resulta que esta pobre anciana era en realidad un hada que había puesto a prueba la vondad de Lia. Cada vez que digas algo- continúo la hada- de tu boca saldrá o una flor o una piedra preciosa. Cuando Lia llegó a su casa se encontró con su madre que estaba muy enfadada por su retraso. Te pido perdón, madre- dice la pobre Lia- por haberme retrasado tanto. Y una vez que terminó de decirlo, salieron de su boca dos grandes y hermosas rosas, dos diamantes y dos grandes perlas. ¿Que es eso?- exclamó su madre excitada ante la visión de las joyas- ¿De dónde salieron, hija?. Era la primera vez en su vida que la llamaba hija.... Lia le contó todo lo que le había sucedido, mientras seguían naciendo de su boca una infinidad de diamentes. ¡Guauuuuu!- exclamó su madre- ahora mismo tengo que mandar a Pia (su hija mayor) hasta la fuente. ¡Pia, ven aquí!. ¡Ven a ver lo que sale de la boca de tu hermana cada vez que habla!. ¿Quieres tener el mismo don?. Pues ve hasta la fuente y, cuando una pobre anciana te pida que le des de beber, atiéndela educadamente. ¡Anda ya!- le respondió Pia- ¡Solo me faltaba ahora tener que ir hasta la fuente!. Ve tu si quieres..... Te ordeno que vayas ahora mismo- le tronó su madre. Así que Pia, no sin dejar de rechistar y protestar, cogió el cántaro mas bonito que tenían en la casa y se dirigió hacia la fuente. Tan pronto como llegó a la fuente, vio como una dama magníficamente vestida salía del bosque y se dirigió hacia ella para pedirle agua. Se trataba de la misma hada que le había aparecido a su hermana, solo que ahora se había disfrazado de princesa para comprobar la educación de aquella joven. - ¿Pero te crees que he venido hasta aquí para darte de beber?- le respondió la orgullosa y grosera Pia- ¡Pero que maleducada eres!, le dijo la hada sin ofenderse. Ya que eres tan descarada y antipática, te voy a conceder un don que te irá como anillo al dedo: Por cada palabra que digas soltarás una cobra o un sapo por tu boca. La madre estaba impaciente por el regreso de Pia, así que cuando la vio le preguntó: ¿Que pasó Pia? ¡Estoy impaciente por saberlo! Pues bien, mama....- empezó a decirle Pia- soltando por la boca dos cobras y dos sapos. ¡Que horror!- gritó la madre, ¿Pero eso que es?. ¡Es todo culpa de Lia!, ¡Me las va a pagar!, y fue en busca de su hija mas joven para darle una paliza. La pobre Lia, horrorizada y muerta de miedo salió corriendo de su casa y corrió a esconderse al bosque. El hijo del rey, que regresaba de la caza, se la encontró y se quedó admirado por su belleza. Le preguntó que es lo que le pasaba para que estuviese llorando y sola en aquel lugar. ¡Mi madre me ha echado de casa!- le dijo Lia mientras lloraba. ¡No se que va a ser de mi ahora! El hijo del rey, viendo como salían de la boca de Lia seis diamantes y otras tantas perlas, le pidió que le explicase de donde venía todo aquello. Lia, le contó su encuentro con la hada y como le había otorgado aquel don. El hijo del rey se enamoró de ella al instante y consideró que aquel don era mucho mejor que cualquier dote, así que se la llevó al palacio y se casó con ella, bajo el consentimiento de su padre. Y colorín colorado... este cuento se ha acabado.

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