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La pelota de baloncesto de Erika

~~Erika era una niña muy alta, que desde muy pequeña todos habían sugerido que jugara al baloncesto, pero a ella no le gustaba. Siempre había preferido ir a clases de natación y de piano, antes que coger una pelota y encestarla en una red sin fondo.

Sus amigas también le decían lo mismo, y ella se enfadaba:

~~“¿Por ser alta tengo que jugar al baloncesto?, entonces quien tenga los dedos muy largos que toque el piano, o a quien le guste bañarse en el mar, que sea nadador profesional”, – contestaba ella.

Erika sentía mucha presión con este tema, y con tan solo ocho años decidió que nadie más le diría nada. Estaban en diciembre, y las navidades se acercaban, ella le pidió a Santa Claus que le regalara una pelota de baloncesto de colorines. Así todos le dejarían de decir lo que tenía que hacer, y ella se quedaba tranquila de tantos comentarios sobre lo mismo.

Santa Claus muy emocionado le regaló una pelota preciosa de baloncesto, era de todos los colores, parecía un arco iris. Erika se sintió muy feliz con su regalo, aunque lo que más le gustó del día que lo recibió fue que los demás empezaron a tolerarla de distinta manera, con más respeto.

Erika intentaba que todos los días alguien de su familia y de sus amigos la viera con la pelota, jugando, transportándola o pensando con ella en la mano. Así poco a poco, todos se relajarían con el tema del baloncesto, y Erika se sentiría más aliviada y podría dedicarse a lo que realmente le gustaba, nadar y tocar el piano.

Un buen día, cuando no llevaba la pelota con ella porque ya creía que había calmado los nervios de su alrededor, se dio cuenta de que ¡la echaba de menos!. Durante mucho tiempo la había acompañado en su día a día como una mera espectadora, y ahora se estaba dando cuenta de que esa pelota le había escuchado todos sus pensamientos en voz alta, y acompañado en momentos muy importantes en su vida.

Desde entonces, sin que nadie la viera jugaba todos los días un ratito al baloncesto, y le hacía sentirse muy bien. Nunca dejó de lado el piano ni la natación, pero el baloncesto le empezó a dar otro tipo de actitud, y comenzó a ser más amable con los demás.

La pelota de colores se convirtió en su amuleto particular, y gracias a ella, llegó a ser una jugadora excepcional de baloncesto, y participó en muchos campeonatos de deportes variados

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