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Categoría: Ciencia Ficción

La Gran Paliza

Alguien llamó a la puerta del constructor Clapaucio, quien, al abrir, se encontró ante un robot panzudo sobre cuatro cortas patas.

- ¿Quién eres y qué deseas? -preguntó Clapaucio.

- Soy la Máquina de Cumplir los Deseos, y me envía tu amigo e ilustre colega Trurl como regalo.

- ¿Cómo regalo? -exclamó Clapaucio, que sentía bastante recelo hacia Trurl y a quien sobre todo no le gustaba que el robot calificase a Trurl de «ilustre colega» suyo, Bueno -decidió tras una breve reflexión-, puedes pasar

Mandó al robot que se pusiera en un rincón, cerca de la estufa, y sin hacerle el menor caso volvió a su tarea, pues estaba construyendo una máquina panzuda con tres patas. Ya la tenía casi terminada y la estaba pintando. Al cabo de un rato, la Máquina de Cumplir los Deseos manifestó:

- Me permito recordarte que estoy aquí...

- No se me ha olvidado -replicó Clapaucio, y siguió con su tarea.

Al rato, el robot le preguntó:

- ¿Puedo saber qué estás fabricando?

- ¿Eres una Máquina de Cumplir los Deseos o de Formular Preguntas? -dijo Clapaucio, y agregó-: Necesito pintura azul.

- No sé si será exactamente el matiz que necesitas, pero aquí la tienes -dijo la máquina, sacándose de la ventanilla de su panza un pote de pintura.

Clapaucio lo abrió, mojó su pincel y, sin una palabra, siguió pintando. Durante aquella tarde mandó al robot que le facilitara papel de lija, carborundo, un taladro, pintura blanca y toda una serie de tornillos y tuercas, y cuantas veces se lo pedía, la máquina le daba lo que necesitaba en el acto. Al anochecer, Clapaucio cubrió su artefacto con un trozo de lana, cenó y luego se sentó frente al robot que Trurl le había regalado y dijo:

- Ahora veamos lo que sabes hacer realmente. Afirmas que eres capaz de realizar todo lo que uno desea, ¿verdad?

- Todo, todo, tal vez no; pero una infinidad de cosas, sí -dijo modestamente la máquina-. ¿Te contentaron las pinturas, los tornillos y el taladro?

- ¡Sí, sí! -contestó Clapaucio-. Pero ahora quiero pedirte cosas mucho más difíciles; si no las cumples, te devolveré a tu constructor con el correspondiente agradecimiento y también con mi opinión acerca de ti.

- ¡Bien! ¿Y qué he de hacer? -preguntó el robot, bailando sobre sus patas.

- A Trurl -contestó Clapaucio-, me vas a fabricar al mismísimo Trurl, sin que se diferencie en lo más mínimo del original.

La máquina refunfuñó, carraspeó, lanzó unos silbidos y contestó:

- Muy bien, ahora mismo voy a fabricar a Trurl, pero tendrás que tratarle con mucho cuidado, pues es un gran constructor.

- Desde luego, no te preocupes -prometió Clapaucio-. ¡Bien! ¿Dónde está ese Trurl?

- ¿Tan de prisa? Esto no es ninguna bagatela, necesitaré un rato. ¡Trurl no es un tornillo que digamos!

Ante el atónito Clapaucio, el robot comenzó a sonar y traquetear, y fueron abriéndose una serie de ventanillas en su panza, hasta que de sus entrañas salió Trurl. Clapaucio se levantó de su taburete, se acercó y estuvo mirando y palpando al aparecido. No cabía la menor duda: ante Clapaucio había un Trurl tan parecido al verdadero como dos gotas de agua... Al salir de dentro del robot, Trurl había parpadeado bajo la luz, pero por lo demás se comportaba del modo más corriente y auténtico.

- ¿Qué tal, Trurl? -saludó Clapaucio.

- ¡Bien, gracias! ¿Y tú? Pero ¿qué hago aquí? -preguntó Trurl, visiblemente sorprendido.

- Ah, sí... Pues, sencillamente, has llegado... Hacía tiempo que no nos veíamos. ¿Te gusta mi casa?

- Pues sí, sí que me gusta... ¿Y qué tienes ahí, debajo esa lona?

- Nada de importancia... ¿No te sientas un rato?

- Gracias, pero me parece que ya es tarde; está oscuro; tengo que volver a mi casa...

- Quédate un poco más -protestó Clapaucio-; antes de irte, baja conmigo al sótano; verás algo que seguro que te interesa...

- ¿Qué tienes en el sótano?

- Aún no lo tengo, pero muy pronto lo tendré. Anda, ven...

Clapaucio llevó a Trurl al sótano; allí le puso la zancadilla y cuando estuvo en el suelo lo ató de pies y manos y, cogiendo un palo bastante recio, empezó a golpear a su amigo. Trurl gritaba pidiendo auxilio, alternando los insultos con las súplicas, pero en vano; la noche era oscura y por las calles no pasaba nadie, y Clapaucio continuó apaleando a Trurl, hasta que éste gritó, retorciéndose bajo los golpes:

- ¡Ay! ¡Socorro! Pero ¿por qué me pegas?

- Porque me gusta -contestó Clapaucio, alzando el palo-. ¡Prueba esto, amigo Trurl! -y le descargó un golpe en la cabeza, que resonó como un tambor.

- ¡Suéltame ahora mismo, e iré a ver al rey y le diré lo que me has hecho y te encarcelarán! -gritó Trurl.

- No me harán nada. ¿Y sabes por qué? -replicó Clapaucio, sentándose en un banco.

- No lo sé -contestó Trurl, aliviado ante aquella interrupción de la paliza.

- Pues porque no eres el verdadero Trurl. El está ahora en su casa; construyó la Máquina de Cumplir los Deseos y me la mandó como regalo, y yo, para probarla, le ordené construirte a ti. y ahora te voy a destornillar la cabeza, la colocaré junto a mi cama y me servirás de sacabotas.

- ¡Eres un monstruo! ¿Por qué quieres hacer eso?

- Ya te lo he dicho: porque me gusta -y Clapaucio cogió el palo con ambas manos, mientras Trurl gritaba:

- ¡Deténte! ¡He de decirte algo muy importante!

- Tengo curiosidad por saber lo que me vas a decir para que renuncie a usar tu cabeza como sacabotas -dijo Clapaucio, y dejó de pegarle.

Entonces Trurl gritó:

- No soy ningún Trurl creado por la Máquina de Cumplir los Deseos. ¡Soy el verdadero Trurl! El único y auténtico Trurl que existe en el mundo; la verdad es que yo quería averiguar qué estabas haciendo desde hace tanto tiempo encerrado en tu casa. Así que construí una máquina y me escondí en su panza, y le ordené que se presentara en tu casa, fingiendo que era un regalo que yo te hacía.

-¡Vaya historia te has inventado! xclamó Clapaucio y, levantándose del banco, blandió de nuevo el palo--. No te esfuerces, porque veo claramente que estás mintiendo. Eres el Trurl creado por la máquina, puesto que ella cumple todos los deseos, y gracias a ella conseguí los tornillos y la pintura blanca, al igual que el taladro y la pintura azul y otras cosas. Si fue' capaz de realizar todo eso, también pudo crearte a ti.

-No lo creas; en realidad, todo lo llevaba preparado de antemano en la panza -replicó Trurl-. No era difícil prever lo que necesitabas durante tu trabajo. ¡Te juro que digo la verdad!

-De ser cierto lo que dices, ello significaría que mi amigo, el gran Constructor Trurl, es un vulgar embustero, y eso nunca lo creeré -dijo Clapaucio-. ¡Toma y toma!

Y volvió a atizarle con el palo.

-¡Por calumniar a mi amigo Trurl! ¡Te voy a machacar! -y le siguió pegando, hasta que se cansó.

-Ahora me iré a descansar un rato -dijo Ciapaucio-, y tú te quedarás aquí hasta que yo vuelva...

Ciapaucio se marchó y, al poco rato, sus ronquidos resonaron por toda la casa. Trurl aprovechó para desatarse y, una vez libre, subió sigilosamente al piso donde había quedado la máquina, se metió en ella y salió corriendo hacia su casa, mientras Ciapaucio, asomado a la ventana, se reía a carcajadas viendo escapar a su amigo.

A la mañana siguiente, Clapaucio fue a visitar a Truri. Este le hizo pasar sin una palabra y con semblante hosco. En la casa no había mucha luz, pero Clapaucio se dio cuenta de que Trurl mostraba en el cuerpo y la cabeza las huellas de la paliza que le había dado la víspera, aunque su amigo se había esforzado en disimularlas.

-¿Por qué estás tan serio? -le preguntó Clapaucio alegremente-. He venido para darte las gracias por tu bonito regalo; pero, desgraciadamente, mientras dormía, esa máquina se escapó por una ventana...

-Me parece que no trataste a mi regalo como se merecía -se quejó Trurl-. La máquina me lo ha contado todo, no tienes por qué disimular ---agregó Trurl furioso al ver que Clapaucio abría la boca-. Le mandaste que me construyera a mí mismo, y seguidamente llevaste a mi duplicado al sótano y le diste una gran paliza... ¿Y después de eso te atreves a presentarte en mi casa y darme las gracias por mi obsequio, como si no hubiera pasado nada? ¡Vaya amigo'

-Francamente, no sé a qué viene tu enfado -replicó Clapaucio-. Efectivamente, mandé a la máquina que creara una copia de tu persona. He de reconocer que era perfecta, asombrosamente idéntica a ti. En cuanto a la paliza, esa máquina hubiera debido preverlo; pues lógicamente golpee a esa criatura, artificial para comprobar si estaba sólidamente construida y al mismo tiempo para ver cómo reaccionaba. Y, desde luego, demostró ser muy sólida y astuta. En seguida inventó una historia, según la cual se trataba de ti mismo en persona. Naturalmente, no le hice caso; entonces empezó a jurar que el regalo no era tal regalo, sino un simple engaño; y como comprenderás, en defensa de tu honor, no tuve más remedio que atizarle. Sin embargo, me pude percatar de que la copia era inteligentísima, y me recordaba a ti no sólo físicamente, sino también espiritualmente. Reconozco que eres un gran constructor, eso quería decirte y para eso he venido a verte tan temprano...

-¡Ya ves! -dijo Trurl algo más tranquilo-. De todas maneras, no me parece muy acertado el uso que diste a mi Máquina de Cumplir los Deseos, pero qué se le va a hacer...

-Además quería. preguntarte qué habías hecho con ese Trurl artificial -dijo Clapaucio con aire ingenuo-. ¿No podrías enseñármelo?

-Estaba enfurecido --contestó Trurl- y amenazó con romperte -la cabeza, para lo cual se escondió detrás de la gran roca que hay cerca de tu casa, y cuando traté de persuadirle de que no lo hiciera, me cubrió de insultos y empezó a preparar una trampa para ti; y aunque yo consideraba que tú me habías ofendido, en aras de nuestra antigua amistad, y para evitarte todo peligro (pues mi doble estaba frenético), no tuve más remedio que desmontarlo y reducirlo a pequeños fragmentos...

Al decir esto, Trurl, como sin querer, tropezó con un montón de piezas mecánicas que había por el suelo.

Tras esa visita, los dos amigos se despidieron cordialmente y siguieron siendo buenos colegas.

A partir de entonces, Trurl no hace más que ir contando que le regaló a Clapaucio su Máquina de Cumplir los Deseos, y que éste se portó muy mal, ordenándole fabricar a Trurl y dándole; y cómo la copia tan perfectamente. creada por la máquina intentó valerse de hábiles enganos para librarse de la paliza y aprovechó el sueño de Clapaucio para escapar, y cómo Trurl había desmontado al Trurl artificial que se había refugiado en su casa, para salvar a su amigo de la venganza de] doble apaleado.

Y tanto contó su historia y se vanaglorió de ella, poniendo el propio Clapaucio por testigo, que en la corte se enteraron de esta extraordinaria aventura, y a partir de entonces todos hablaron de Trurl con el mayor respeto, mientras que poco antes sólo lo llamaban el Constructor de Máquinas Inteligentes Más Tontas del Mundo. Y cuando Clapaucio se enteró de que el rey había premiado generosamente a Trurl y le había otorgado la Orden del Gran Muelle y la Estrella Helicoidal se puso a gritar:

-¡Vaya, vaya! Por haberle dado un escarmiento y hacerle huir ignominiosamente de mi sótano en plena noche y sobre sus piernas dobladas, ahora es rico y, famoso y, por si fuera poco, encima el rey le condecora. ¡Lo que hay que ver!

Y, muy enfurecido, Clapaucio volvió a su casa, donde se encerró a cal y canto para construir la misma Máquina de Cumplir los Deseos que Trurl, pero con la diferencia de que éste la había construido primero.
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1 comentarios. Página 1 de 1
Yair5667
invitado-Yair5667 15-11-2017 19:14:22

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