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"Las Cicatrices del Corsario"

" Las Cicatrices del Corsario."


En el tercer amanecer del verano, donde comenzó el conflicto entre las grandes civilizaciones del último continente, justo cuando las tormentas dejaron de acechar en las playas extensas de la ciudad, la marea arrojó en la playa a una sirena hermosa y golpeada por un pasado absurdo. 

Estaba herida en lo profundo de su alma: dispuesta a desaparecer cualquier asomo de sentimiento que pudiera hacerle daño. Vencida y agotada, alcanza a ver en la distancia un Corsario que, similar a ella, tenía su cuerpo y alma cubiertos por cicatrices recibidas en un pasado tortuoso.

Pero, a diferencia de ella, se mantenía eufórico y con las ganas intactas de continuar luchando por sus sueños. Frente a ella -en su mirada- encontró la respuesta a todo lo que buscaba; sus cicatrices cobraron sentido: ahí estaba la cura para tantas heridas, la pócima para su espíritu. Con sus ojos fue detallando milímetro a milímetro cada parte de este hermoso ser... parecía un obsequio celestial! Advirtió que tras cada segundo que pasaba su musa se iba marchitando: no pertenecía a su mundo.

Por más que sintiese que eran una sola alma, el destino -celoso y egoísta- se encargaría de separarlos. Tembloroso, la tomó con sus manos y la cargó mar adentro y, mientras la veía alejarse en el ocaso, pensaba que se convertiría en una cicatriz más. Comenzó a indagar en su cuerpo, a buscar el lugar donde brotaría su nueva herida y, sorprendido, advirtió que tenía las mismas de antes, sintió un vacío que crecía dentro de sí: Comprendió que eran una sola alma.

Desconsolado y aburrido por no haber luchado en esa batalla; si en toda su vida había combatido en cientos de guerras algunas hasta sin sentido porque no había peleado por este gran tesoro; donde encontraría otra vez a la dueña de su alma.

Desesperada mente buscando soluciones idiotas encontró un chaman ¡súbdito de Morfeo! con la cura para sus penas; el único rito capas de traspasar la barrera de espacio intangible pero tan real como inmenso. Tarde en la noche fundiéndose en un sueño profundo su espíritu abandonaba el cuerpo para hospedarse en el Valhala donde su hermoso sirena se convertía en una valkiria ardiente e intocable y a pesar de que nunca podría palpar a ese ser, que en un ocaso lúgubre desprendió de sus brazos; era el único aliento que recorría su cuerpo renovándole las esperanzas, que al despertar se convertían en el alucinógeno transformador de su soledad en la fuerza diaria con la cual hasta hoy cotidianamente construye un imperio en el cual El, su Alma, su Cuerpo, sus Sueños y e ese Hermoso ser celestial vivirán para siempre.
Datos del Cuento
  • Categoría: Mitológicos
  • Media: 1
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